Carángidos, diversión al poder
Quizá no se encuentren entre los peces más apreciados gastronómicamente, pero sin ninguna duda es la familia de peces más deportiva del mundo. En esta ocasión trataremos de tú a tú con nuestros carángidos mediterráneos más habituales.
por Antonio Pradillo

Introducción
Hablar de carángidos pone los pelos de punta a más de un pescador. Esta familia engloba a peces repartidos por todos los mares del mundo, con la particularidad de que la mayoría de especies suscitan pesca deportiva y adrenalina, mucha adrenalina. Y es que no es para menos, ya que todos los enormes jureles que hacen que funcione el mundo de los charters de pesca en países tropicales son miembros de esta familia, lo mismo que ocurre con nuestros afamados gigantes, la serviola y el palometón, especies buscadas intensamente por el aficionado a la caña. En general, son peces más o menos pelágicos que suelen agruparse, siendo muy vigorosos al ser trabados del engaño, lo que hace ganar adeptos a su pesca en todo el mundo, máxime al poder ser pescados con señuelos artificiales, además de disponer de especies que llegan a alcanzar tallas más que respetables. A continuación trataremos una a una las especies de carángidos más frecuentes en nuestra costa mediterránea, comentando algunos aspectos sobre su biología y, por supuesto, sobre su pesca deportiva.
Especies
SERVIOLA
La serviola es una de las especies más grandes con las que puede toparse el pescador costero, sea de cebo natural o de spinning / jigging. Se trata de un carángido de cuerpo robusto, relativamente alargado, con un rostro que muestra el perfil cefálico suavemente arqueado. Los ojos no son grandes en relación a su cuerpo, y muestra una boca terminal con placas de diminutos dientes que llegan a pasar desapercibidos ante la mirada del pescador. Las escamas son muy pequeñas, estando muy insertas en la piel del animal. En lo que a las aletas se refiere, la dorsal aparece dividida, mostrando la primera –muy corta- sólo radios espinosos. Tanto la segunda dorsal como la anal, son bastante largas, con una caudal muy bifurcada y potente. El color es variable, ya que los alevines están claramente teñidos de un verde amarillento (la serviola también es conocida como pez limón por este motivo), mientras que a medida que crece se torna de un color grisáceo menos vistoso, aunque la corta franja oscura que se extiende entre la nuca y el ojo suele aparecer visible independientemente de la edad del pez. Llega a alcanzar los 2 metros de longitud, si bien actualmente es muy complicado hacerse con piezas de cierta entidad, cuando hace apenas unas décadas se capturaban regularmente estos grandes ejemplares incluso desde playas someras de arena. Los alevines suelen aparecer hacia Agosto en las aguas costeras, si bien hasta Septiembre – Octubre no adquieren un tamaño óptimo para empezar a ser pescados, siendo una especie de rápido crecimiento, alcanzando el medio kilo de peso en apenas unos meses de edad, momento en el que hacen las delicias de los pescadores de spinning desde costa, que pueden disfrutar de esta noble especie con equipos ligeros, llegando estos alevines a poner a prueba los equipos, pues se trata de un pez con una increíble potencia que además suele buscar los obstáculos rocosos para liberarse del engaño, consiguiendo partir la línea a poco que nos descuidemos. En esta etapa de su vida, las serviolitas forman grandes cardúmenes, resultando muy fáciles de pescar con pequeños jigs de cabeza plomada y plumas o pelos de colores vistosos, manejados a bruscos tirones desde el fondo hacia la superficie. Cuando el frío hace acto de presencia, estos peces se desplazan a lugares más profundos, aunque sin alejarse en demasía de la costa, frecuentando batimetrías entre los 17 y los 50 metros, pero siempre ligados a estructuras sumergidas o flotantes. En esta época llega el momento de desplegar nuestro armamento pesado, pasando a practicar jigging en toda regla, con grandes jigs metálicos que solventen el problema de la profundidad y las corrientes, precisando de una embarcación para darles caza. Posteriormente, mediada la primavera, las serviolas que van a cumplir un año se acercan en gran medida a la superficie, llegando a situarse en algunos escenarios al abasto del pescador de costa, aunque no es fácil doblegar a estos animales si nos encontramos en un escenario rocoso, que ya sabemos cómo se las gasta nuestro adversario. En esta época, cuando está el banco tranquilo sesteando a unos metros de la superficie, pueden sucumbir ante pequeños paseantes, siendo una delicia poder tentarlas en superficie. Cuando el calor aprieta, antes de que aparezcan los nuevos alevines, las serviolas de un año prácticamente desaparecen, se vuelven muy esquivas y difícilmente se acercan a la costa, siendo complicado hacerse con una buena captura. Alguna se sorprende pescando con stickbaits como el Mr. Joe (Sert) sobre estructuras marinas como piscifactorías, o a jigging, con grandes jigs y equipos muy pesados para pescar en grandes desniveles, pero en la mayor parte de nuestra costa su captura se corresponde casi a una lotería, es muy difícil conseguir una buena serviola con señuelos artificiales. Entre los cebos naturales, el pez o el calamar vivos son las únicas alternativas, que la serviola difícilmente come animales muertos.

PALOMETA BLANCA
La palometa blanca es uno de los carángidos de talla más modesta de nuestras aguas, pero no por ello pasa desapercibida para los pescadores deportivos. De cuerpo ovalado muy redondeado, muy comprimido lateralmente, puede confundirse con alevines de palometón (Lichia amia), si bien éste es ligeramente más alargado y su boca llega a sobrepasar la altura del ojo, ya que es mucho más grande que la de la palometa. Su cola ahorquillada es muy potente, y son características las puntas teñidas de negro, al igual que en la parte más alta de la dorsal y la anal. Curioso es el hecho de que aparezca el primer radio espinoso de la dorsal orientado de forma opuesta a la orientación habitual, por lo que los fuertes pinchazos serán habituales al manejar este pez de color plateado. Su pesca es divertida con equipos ligeros, ya que una huída revoltosa y espectaculares y reiteradas picadas con su carta de presentación. Se pesca a cebo y a spinning, e incluso es una de las especies que se pueden tentar fácilmente a cola de rata, con mosca artificial. Con 50 centímetros de longitud máxima, es un velocista en toda regla, haciendo las delicias del pescador de lance ligero, que usando pequeñas plumas como señuelo, auxiliadas por un buldó para poder ser lanzadas que además funcionará como atractor de los peces. La pesca más efectiva de esta especie se da en la superficie, siendo fácil hacer picar a los peces con las plumas si se observa algún síntoma de actividad, recuperando el señuelo a gran velocidad y a golpes, de manera que hagamos continuamente las siempre efectivas “paradiñas” en las que las palometas tomarán la pluma. La cola de rata es efectiva, aunque plantea el problema de tener que recuperar la mosca a gran velocidad. Si no se observa actividad en superficie, se puede inducir arrojando trozos de corteza de pan, ante la que se ceban con facilidad. A cebo, la pesca con flotador es divertida, atrayendo primero al banco de palometas con engodo de superficie o pan remojado y desmenuzado, usando como cebo trozos de pescado sin piel ni espinas, pedacitos de calamar o gamba pelada, calando el aparejo a media agua, aunque la mayor parte de las picadas se producen en la caída del mismo.

PALOMETÓN
El palometón es otro de los grandes depredadores de nuestras aguas, llegando a alcanzar 1´5 metros de longitud. Similar morfológicamente a la palometa blanca, aunque el palometón tiene el cuerpo un poco más alargado y las fauces mucho mayores, como gran depredador que es. Los alevines hacen acto de presencia durante el estío, comenzando a ser pescados en Agosto, aunque hasta Octubre la escasa talla y nula batalla que plantean hace que no sea recomendable su pesca. En Octubre estos pequeños palometones pueden rozar incluso el medio kilo de peso, siendo divertida su pesca a spinning con jerkbaits o con señuelos de superficie de pequeño tamaño, especialmente con pequeños paseantes. Los adultos tienen dos máximos de actividad costera claramente definidos, uno en la época reproductiva (de Mayo a principios de Julio) y otro en la época previa al invierno (de Septiembre a Noviembre, ambos inclusive), frecuentando especialmente las desembocaduras de agua dulce, donde suelen hacer buen acopio de alimento (lisas especialmente). Los palometones de gran talla suelen ser pretendidos tanto a spinning como con cebo natural, teniendo un gran número de aficionados que los busca temporada tras temporada en los lugares que ocupa para frezar y / o alimentarse. A cebo natural, el pez vivo es la estrella, ya que sólo muy esporádicamente se alimentan de peces muertos. La lisa o algún pelágico como el jurel, la alacha o incluso el pez aguja son los mejores cebos, que con frecuencia introducen los pescadores a nado para ganar distancia, especialmente cuando se pesca desde playas someras. Sin embargo, es el spinning la pesca más espectacular, ya que el palometón es un pez bastante desconfiado a la hora de tomar los señuelos, haciendo sufrir al pescador en interminables carreras tras los señuelos de superficie, y es que los poppers, paseantes y skipping lures o señuelos saltadores son los engaños más socorridos para su pesca con artificial, aunque los stick baits y los jigs de vinilo han demostrado que si son manejados correctamente pueden engañar a más peces, aunque no de forma tan espectacular. En todo caso, gozar con la captura de un pez de más de diez kilos está al alcance de todos, no es preciso hacer ningún viaje al extranjero. Movernos en nuestra costa mediterránea por las zonas de más renombre, como el Delta del Ebro o La Albufera de Valencia y sus alrededores puede ayudarnos a conseguirlo, pero también vale la pena explorar nuevos sitios, especialmente en otoño, cuando los palometones aparecen con frecuencia en lugares un tanto atípicos, muchas veces persiguiendo a los bancos de peces aguja.
JUREL
El Jurel es un pequeño carángido de cuerpo alargado y sección casi cilíndrica, estando ligeramente comprimido lateralmente. Destaca ante todo la línea lateral, que aparece en la mitad posterior del cuerpo recubierta de unas placas óseas puntiagudas. Los ojos también llaman la atención, ya que son relativamente grandes. Presenta una pequeña mancha oscura poco aparente en el comienzo del opérculo. Este pez se asemeja en gran medida a la jurela, si bien el jurel tiene el cuerpo menos robusto y un color más apagado, gris plateado. Los jureles en el Mediterráneo se dan durante todo el año, si bien en invierno es cuando se acercan a la costa los grandes ejemplares, que el resto del año aparecen en grandes profundidades. Los alevines aparecen cerca de la costa todo el año, pero muy especialmente durante la época cálida. Como modesto carángido que es, al pescador deportivo le interesa la pesca de los grandes ejemplares, especialmente en invierno, cuando la pesca “de calidad” escasea, pesca que se caracteriza generalmente por el uso de señuelos artificiales, si bien también se pesca con cebo, con filetes de sardina o boquerón, bien desde embarcación o desde costa, en puntos de acceso a aguas profundas. Es pieza frecuente del curricán ligero de profundidad, usando un pequeño anguilón, una ondulante discreta o una traca, si bien su pesca más fácil se hace a jigging, situando una traca (una ristra de plumas) por encima del jig metálico. Conocer dónde se mueven las obladas ayuda para dar con los jureles en invierno, ya que se suelen situar bajo ellas, mientras que en verano trabajará la sonda para detectar los bancos en profundidades superiores a los 50 metros, teniendo que recurrir a jigs metálicos de gran gramaje para solventar el problema que plantea la gran profundidad, lo que hace que haya que usar un equipo demasiado pesado y no se disfrute de esta pesca.

JURELA
La jurela es uno de los carángidos más pescados por los deportivos, especialmente por aquellos que emplean señuelos artificiales durante toda la época cálida, bien a spinning o al curricán. Se trata de peces depredadores pelágicos y gregarios de talla contenida, de cuerpo más bien alargado y sección más bien oval. Destaca ante todo la línea lateral, cuya mitad posterior sobresale notoriamente del cuerpo, estando formada por escudetes óseos, a semejanza de una espina. Así pues, su similitud con el jurel (Trachurus sp) es más que patente, aunque resulta fácil distinguirlos con un poco de práctica, siendo la jurela un poco más alta y robusta, con un vientre más blanquecino, las puntas de la caudal y segunda dorsal teñidas de blanco y una línea longitudinal verde amarillenta que recorre todo el cuerpo, aunque esta franja puede mostrarse muy poco visible, especialmente con aguas frías. Además, presenta una mancha oscura sobre el opérculo, bastante más evidente que la que muestra el jurel, y la boca muestra un paladar claro (el jurel adulto lo tiene negruzco). A diferencia del jurel, la jurela es un pez que se muestra activo mientras la temperatura del agua no baje demasiado, esto es, desde Marzo hasta Noviembre, aunque en este último año se han mantenido muy cerca de la costa, mezclados con jureles. La jurela es el máximo representante de las pajareras costeras de lugares con cierta influencia de agua dulce, donde se alimentan sardinillas y boquerones, averíos que amenizan los amaneceres o atardeceres de espigones y bocanas portuarias, donde los pescadores de spinning disfrutan de una emocionante y fructífera pesca, efímera pero intensa, trabajando con equipos ligeros estos correosos adversarios. La jurela es un pez de buen apetito, capturándose fácilmente en averíos con jigs metálicos, peces artificiales, vinilos, plumas y todo tipo de señuelos de talla adecuada, mientras que cuando no se muestran activas el jigging en profundidad con traca suele ser el mejor desencadenante de las picadas, siendo un montaje muy útil para mover bancos de jurelas inactivas en profundidad con ayuda de la sonda. Al curricán también se capturan con facilidad, sea en superficie o cerca del fondo, especialmente con pequeños vinilos en superficie y con ondulantes ligeras y peces artificiales cuando se cacea en profundidad. El único problema de este pez es que, en el caso de los ejemplares más grandes, los que superan el kilo, se desgarran con facilidad la boca, algo que no ocurre cuando se pesca con cebo natural (trozos de pescado, calamar…), ya que engulle bien el cebo presentado con el corcho corrido o con la plomada de fondo, sea al paso de las barcas profesionales desde costa o sea al brumeo embarcado.
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